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Rutas de Montaña

Peña Santa de Castilla
07/10/2008

 

CAÍN - PEÑA SANTA DE CASTILLA: vía de Los Llambriales y variante de la Canal Escalonada

 



Punto de partida: Caín.

Duración:

Desnivel:

Dificultad: Algo difícil (IIIº). La dificultad de Peña Santa no radica tanto en la dureza de sus vías (cuatro de ellas son sencillas trepadas de IIº con algún tramo de IIIº, y otra, la vía del Paso Clave, Llave o Canal Ancha, tan sólo presenta un aislado paso de IVº), como en la longitud de las mismas. Se puede afirmar, sin temor a equivocarse, que la Peña Santa es la primera gran pared a la que se enfrenta un montañero y, quizás, la única.

Lejos de lo que pueda parecer, la Peña Santa no es la típica pared que se asciende montando reuniones (entre otras cosas porque no es necesario el empleo de la cuerda), sino que simplemente se trata de vencer una sucesión de trepadas, entre las que se intercalan tramos más o menos largos en que se avanza caminando o apoyando las manos. Obviamente nos referimos a los recorridos más sencillos de La Peña (vía de Los Llambriales, variante Escalonada, vía del Ojal -o del Nevero Central-, Canal Estrecha y vía del Paso Clave, Llave o Canal Ancha).

Cualquier montañero que se crea preparado para intentar esta cumbre, ha superado (o debería haber superado) pasos igual o más difíciles de los que se va a encontrar durante la ascensión a la Peña Santa. Pero en una gran pared un paso sigue a otro, y a éste, otro más, y así hasta el infinito. De tal manera que en el montañero empiezan a aflorar sensaciones que no había experimentado antes en ninguna otra ascensión. El desgaste psicológico es muy fuerte, lo que se acrecienta en grupos reducidos y en días en que no se comparte la pared con ninguna otra "cordada". Este dato es preocupante dado que la escalada, al menos en los grados inferiores de la tabla, es más psicológica que física. Un montañero que desconozca esta realidad puede llegar a quedar atenazado por el miedo, deviniendo en un estado de angustia que le incapacita para avanzar y/o retroceder. Un simple cambio del tiempo (muy frecuente en Picos, máxime gracias a la manía de la gente de iniciar sus actividades montañeras con el lema: "el hombre del tiempo siempre se equivoca") es suficiente para que ocurra una tragedia, como casi siempre, evitable.

Características: Sobre gustos no hay nada escrito, pero -y sin ánimo de ofender a nadie- la Peña Santa de Castilla es la montaña más hermosa de España. Es la cumbre más alta del Macizo Occidental de los Picos de Europa y, durante décadas, del extinto Parque Nacional de la Montaña de Covadonga. Su pared Sur (seiscientos metros de alto por casi dos kilómetros de largo) se alza sobre una vasta extensión de pasto alpino compartido por vacas, cabras, ovejas y rebecos. Por el Norte cede en bravura y en verticalidad, pero se asienta en un mundo caótico de cumbres, agujas, neveros, graveras y "jous", que la envuelven en ese ambiente característico de la alta montaña.

La elección de Caín como punto de partida no es aleatoria. Caín es, junto con Soto de Sajambre, el pueblo más cercano a Peña Santa. Si bien éste se encuentra a mayor altura, permitiendo salvar un desnivel menor, obliga a dar un amplio rodeo para evitar la cuenca del Dobra. En consecuencia el regreso será más agotador. Por su parte, Caín supone salvar un fuerte desnivel, pero la vuelta es todo cuesta abajo.

Los accesos desde Soto de Valdeón o desde Covadonga son, asimismo, muy bonitos, pero excesivamente largos para hacer ida y vuelta en el día. Son muy recomendables si se dispone de dos o tres días para esta ascensión. El primero permite seguir los pasos de los primeros conquistadores de la Peña Santa. En realidad la dureza de la marcha no difiere mucho con respecto a las que tienen como punto de partida a Soto de Sajambre; pero el hecho de tardar más de dos horas en dar vista al objetivo (y cuando éste se nos muestra no está aparentemente cerca, ni se presenta sencillo) la convierte en una excursión ideal para un fin de semana.

La aproximación desde Covadonga combina bosques, majadas y lagos de montaña; baja, media y alta montaña; prados, pasto alpino y un desierto de caliza. Plantea el inconveniente de ser la zona más degradada del macizo. Primero por la extracción minera del entorno de Los Lagos; luego por la explotación turística, gracias a la conversión de la pista minera en carretera de montaña, la habilitación de zonas de acampada, aparcamientos y de la construcción de un centro de interpretación en el corazón de Los Picos; y, por último, por el fomento del turismo de montaña que, junto a la facilidad de los accesos, reclama la comodidad de los refugios y la señalización de los recorridos.

La ascensión a Peña Santa desde Covadonga tiene más de actividad deportiva que de actividad montañera. En este sentido sí es recomendable intentar alcanzar la cumbre en una jornada. La posibilidad de realizar la mitad de la aproximación en coche, la comodidad y calor humano del refugio de Vegarredonda y la existencia de un camino de herradura hasta el mismo Jou Santu, imposibilitan los sentimientos de aislamiento y soledad propios de la alta montaña. La organización dinámica, que ofrece la asistencia precisa en las carreras de montaña (tan criticada), se convierte aquí en una infraestructura estática, encaminada a potenciar el turismo de montaña y a eliminar los escasos espacios vírgenes a cuyo conocimiento dedicaron sus vidas científicos, aristócratas y cazadores, primero, y montañeros, después. El lamentable espectáculo se completa con el uso de la pintura, ya no sólo en los senderos del Parque, sino también en las vías de acceso a las cumbres. La proliferación de seguros y cuerdas fijas (en palabras de Emilio Martínez, "El Boti", -que compartió cordada con Alfonso Martínez y que cuenta con alguna primera ascensión en los Picos de Europa-, en referncia a una vía escalada por sus pupilos: <<tiene más "fierru" que Moby Dick>>) en vías fáciles, abiertas "a pelo", sin más ayuda que las manos y los pies (las clavijas no se emplearon en Los Picos hasta 1.906, y fue en el descenso del Picu Urriellu), muy en consonancia con el tan de moda turismo activo/deporte aventura, está privando a la montaña española de ese componente psicológico que separa la escalada del mero ejercicio gimnástico. Una trepada de IIº o de IIIº, incluso de IVº (véase la Canal Ancha), deja de tener sentido si se la priva de todo factor anímico que influye en el montañero. Es en este momento cuando desaparece cuanto de "activo" o de "aventura" tiene esta actividad.

Partir de Caín implica acometer una marcha de aproximación dura, pero muy gratificante. Se trata de una ascensión por un terreno agreste y poco humanizado. Incluso las actividades tradicionales como el pastoreo están en retroceso, hasta tal punto que en Mesones sólo hay un pastor que hace majada (estando prácticamente todas las cabañas en ruinas). En este contexto la figura del montañero ha dejado de ser la de conquistador de cumbres inéditas, reconvirtiéndose en un mero conservador o divulgador de aquellos senderos abiertos por los pastores y que el declive de esta actividad condena al olvido. Consevar significa mantener en las condiciones originales, no convertir estos senderos de montaña en autopistas abiertas con pico, pala, barreno y sin más finalidad que llevar al turismo de montaña a aquellos rincones que entrañan un peligro potencial para quienes no poseen una mínima preparación, y que no se soluciona llenando estos pasos con clavijas y con cables de acero.

De la limpieza con la que se afronte el ataque a la cumbre y, cómo no, la destrepada hasta el Jou Santu, dependerá la satisfacción personal de una ruta inolvidable, única recompensa del montañero.

Egoístamente creo que la Peña Santa es una cumbre para subir solo, o con uno o dos amigos. La presencia de mucha gente en la pared adultera una ascensión de gran belleza. Si bien el número de acompañantes depende de uno, la presencia o no de otras "cordadas" es fruto de la casualidad. No obstante, si no queda más remedio, a disfrutar de la ruta y de la compañía.

 

 

Descripción:

2.100 m. (aprox.).
11-12 horas.

Accesos

En Posada de Valdeón se toma una carretera que baja por la margen derecha del río Cares hasta la localidad de Cordiñanes (unos 2 kilómetros). Cerca de este pueblo se encuentra el Mirador del Tombo, presidido por la figura de un rebeco, sita en lo alto de un estilizado pedestal. A su lado se ha esculpido un relieve panorámico de las peñas que lo circundan.

Tras un descenso vertiginoso se llega a la "Posa la Santa". En pleno giro a la izquierda, se deja a la mano contraria un solitario pedestal, mucho más modesto que el elegido por el rebeco del mirador, pero que goza del privilegio de servir de apoyo a Nuestra Señora de Corona, mientras la procesión que cada 8 de septiembre la acompaña a su morada hace una "posa" (descanso).

Sin solución de continuidad se encuentra una caseta de información del Parque Nacional. Obviamente estará cerrada. En caso contrario es mejor desistir de subir a Peña Santa, pues será demasiado tarde para iniciar esta excursión.

La carretera se adentra en el Monte de Corona, dando vista al Cueto Agudos, imponente paredón que presenta una cima redondeada. A su derecha se forma la Hoz de Caín, angosto desfiladero horadado por el río Cares. Justo al lado contrario, a la izquierda del Cueto Agudos, destaca una cresta rocosa asentada sobre unas traviesas de pasto, el Cueto de los Cabritos (ya por encima de los dos mil metros).

En el primer grupo de cabañas que se asienta a la orilla de la carretera, arranca la pista que conduce a la Ermita de Corona. No mucho más lejos tenemos el Chorco de los Lobos, que no es más que una trampa que empleaban los lugareños para poder acabar con los lobos que esquilmaban sus rebaños.

Tras una pequeña llanada con praderías, que recoge las aguas que se despeñan por la Canal de Capozo, se entra en la Hoz de Caín. Se trata de un corto desfiladero, de unos dos kilómetros, por el que se accede al pueblo de Caín.

Caín - Majada de Mesones (2 horas -2 horas 30 minutos)

En Caín, pueblo tradicionalmente pastoril, está irrumpiendo con fuerza el sector turístico. Enclavado en las mismas entrañas del Cares, a las puertas de la Garganta del mismo nombre, presenta una privilegiada posición para acoger a los turistas que recorren la "Ruta del Cares".

Pero, asimismo, es un enclave muy interesante para aquellos montañeros que gusten recorrer los caminos por los que los pastores transitaron durante siglos. Uno de los más importantes era el que subía a la Majada de Mesones.

Para iniciar el ascenso de la Canal del mismo nombre es preciso acercarse a Caín de Arriba. El camino más directo es el de "El Sedo", donde -se cuenta- un muerto mató a tres. Uno de los cainejos encargados de cargar con el féretro de un vecino de este pueblo patinó, arrastrando en su caída a dos de sus compañeros.

En la actualidad este paso no presenta ninguna complicación. Para llegar a él se deja la iglesia del pueblo a mano izquierda. Rodeando por encima de la bolera se busca (unos cien metros más adelante) un sendero que baja a una riega. Se cruza por un buen puente adentrándose la senda en otro grupo de casas. Comienzan los primeros tornos que remontan por una ladera herbosa en dirección a un pequeño paredón que preside el pueblo (por el Oeste), semioculto entre una arboleda. Al pie de la peña se ha habilitado un bebedero. Marca el inicio de "El Sedo". Algo más arriba se abre el valle, se entra en Caín de Arriba. Apenas quedan vecinos, por lo que más parece un invernal que un pueblo.

Entre los árboles, en un terreno tomado por las ortigas, existe una bifurcación. Se deja el sendero que baja a la riega (por el que se puede volver a Caín de Abajo o dirigirse a la Canal de La Jerrera, como opciones principales) y se continúa de frente. Se cruza entre los prados del pueblo y se entra en El Joo, una vasta depresión donde confluyen buen número de torrenteras. En época de fuertes lluvias o durante los deshielos primaverales se forman hermosas cascadas.

Por el Norte cierra una barrera rocosa donde tienen su origen las cascadas más bonitas. Baste esta referencia, evitando citar el entramado complejo de sedos y canales que se encuentran por este lado. En todo caso, decir que en lo más alto, por encima de la barrera de los dos mil metros, se halla Peña Blanca.

Al Sur se levanta el Cueto Agudos, muy desdibujado desde esta posición. Lo que destaca del conjunto son las inclinadísimas laderas tapizadas de bosque. En la parte inferior se descuelgan dando lugar a otro bonito conjunto de saltos de agua, más esporádicos, pero con una característica forma de "cola de caballo".

El camino de la majada se encamina al Oeste (conviene recordar que la alusión a los puntos cardinales no viene avalada por una buena brújula, sino que están tomadas a ojo de buen cubero, aunque a veces acierto). En esta dirección se encuentra Peña Santa, referencia obligada, pues al pie de sus estribaciones se encuentran los Puertos de Cuba (paso hacia Vega Huerta). A su derecha se abre el Boquete, puerta de entrada al Jou Santu. Sobre éste se alza Piedra Lluenga, aislado torreón cuya cima principal se nos oculta. Al Sudoeste, entre Peña Santa y el Cueto Agudos, irrumpe -majestuoso- el Cueto de los Cabritos.

La travesía de El Joo presenta un desnivel muy suave, un falso llano en términos ciclistas. Da paso a la Cuesta Esteda, donde, entre los helechos, se acometen los primeros tornos de la ascensión. El sendero se encamina disimuladamente hacia la barrera rocosa que cierra la canal por el Norte, hasta llegar al pie mismo de una refrescante cascada. Ésta recoge las aguas que confluyen en la Cuesta Lladreda, amplia ladera a la que se accede por un sedo que sale en la parte alta del salto de agua.

Tras un giro brusco el camino se aproxima a la Fuente El Cuciao. Un corto tramo en llano permite un respiro antes de afrontar la serie de revueltas que ascienden por Cuarrienda. La parte superior de esta ladera se halla cerrada por una imponente quebrada. A nuestra izquierda queda el Monte Cardeda. Por la derecha, una muralla pétrea nos va encauzando hacia un embudo sin salida.

En la parte superior de Cuarrienda, en un marcado giro a la derecha, existe una alternativa para subir a Vega Huerta. Se trata del sendero que comunica con la Majada de Cardeda (sita bajo la misma cumbre del Cueto Agudos). Sin desviarse a las ruinas de esta majada, continúa la senda hasta ganar una collada, donde tuerce a mano derecha, ladera arriba en dirección al Cueto de los Cabritos. Bordea este crestón rocoso por unas traviesas colgadas sobre la Canal de Capozo. En otra horcada, bajo la cumbre más occidental de Los Cabritos, enlaza con el amplio camino que sube a la Cerra de Cuba.

Si es la primera vez que se intenta subir a Peña Santa desde Caín, es más recomendable seguir la ruta por la Majada de Mesones, pues es mejor terreno, con lo que se llegaría más descansado al inicio de la vía de subida a la peña.

Desechada la opción de Cardeda no se tarda en llegar al Sedo Armado, que salva la pared rocosa que nos venía cerrando por el Norte. Da paso a la Cuesta Almagrero. Nuevamente se nos ofrecen dos alternativas: seguir el camino de las vacas, es decir, el empleado por estos rumiantes para acceder a la Majada de Mesones; o atajar por el Sedo de Mesones, que era el paso utilizado por los pastores para llegar más rápido.

Cuando se puede elegir entre el camino de las vacas o el atajo de los pastores, hay que escoger la primera opción. Como siempre, está la excepción que confirma la regla, de ahí que optemos por atacar el Sedo de Mesones. Contrariamente a lo que pueda parecer no es por complicarse la vida, sino que se trata de la opción más segura. En Caín ya no quedan vacas, por lo que aquel camino está bastante perdido. En cambio, el sedo ha sido arreglado, convirtiéndose en un paso sin mayores complicaciones. La actuación en este tramo no respondió a la intención de potenciar el empleo de esta canal por el turismo de montaña (lo que no tendría sentido, pues ya se contaba con un buen camino), sino que fue destinada a favorecer la labor de los pastores. Démosla, pues, por bien empleada.

Pasado El Sedo, el camino mantiene un fuerte desnivel mientras remonta por el Canto La Mesa. Poco a poco el terreno se va abriendo. Se llega así a un marcado collado, a la izquierda de un característico canto rocoso que, a esta misma mano, ofrece una bonita panorámica de Caín y del Macizo Central. En el collado es fácil encontrar lo que queda de un cartel que anuncia el peligro de despeñamiento a los que intenten bajar por el otro lado. Aplicando la máxima de no descender por una canal que no se conoce se agradece este consejo. Sin embargo no es el monte un lugar para poner carteles, basten las recomendaciones de las guías montañeras, la experiencia y el sentido común. En todo caso, decir que por este lugar por el que se desaconseja el descenso discurre el camino de las vacas.

A escasos metros del collado tenemos la fuente de Mesones. Ésta se halla situada en el inicio de un rectilíneo canalón. Sube directo a una profunda hondonada que se forma al pie de Piedra Lluenga. Alcanzado este punto se podría optar entre entrar por la abertura que destaca entre esta torre y La Robliza (dando paso a la vertiente asturiana del Macizo Occidental); o subir por la izquierda de aquel pico hasta El Boquete.

Esta alternativa (más dura que la ruta marcada por los montañeros) es muy interesante, pues este canalón es una buena referencia en caso de niebla, dado que nos emboca directamente (en el descenso) a la fuente de Mesones.

La Majada de Mesones dista escasos doscientos metros de la fuente, estando emplazada justo sobre la loma que cierra el canalón que se acaba de mencionar por la izquierda. Apenas quedan dos cabañas en pie. Un vecino de Caín aún hace majada en una de ellas.

Majada de Mesones - Cerra de Cuba (1 hora 30 minutos)

El camino que sube a los Puertos de Cuba es común con el más usado por los montañeros (al menos el más marcado) que se dirigen hacia El Boquete. Sigue siempre la misma tendencia al Sudoeste, dejando a mano izquierda el Cueto de los Cabritos. Aunque el sendero está bastante marcado conviene tener presente esta referencia, no olvidando que los Puertos de Cuba se encuentran entre esta torre y las estribaciones de Peña Santa, conocidas como Los Basares.

La divergencia entre ambas rutas (Cuba - Boquete) se produce al llegar a la Boca del Jucabao. En este punto habría que desviarse hacia la derecha (en dirección a Piedra Lluenga) si se quisiera subir al Boquete. Para coronar la Cerra de Cuba hay que remontar por la loma que cierra los Puertos del mismo nombre por el Este, en dirección a los paredones del Cueto de los Cabritos.

Los Puertos de Cuba pueden definirse como una hondonada herbosa que separa el Cueto de los Cabritos de Los Basares. En su parte inferior se forma un hoyo que llaman en Caín el Jucabao. La Boca del Jucabao sería, pues, la collada donde se da vista a este "jou". La cresta que separa estos pastos de Carbanal (al Sur) está integrada (de izquierda a derecha) por la Cerra del Rayo, la Cerra de Cuba y la Cerra del Frade. En la collada que se forma entre la primera de Las Cerras mencionada y el Cueto de los Cabritos, nace un marcado camino que atraviesa por la parte cimera de los Puertos de Cuba y va a salir a la Cerra homónima.

Para enlazar con este camino hay que dejar, a media altura, la loma por la que se viene remontando desde la Boca del Jucabao, entrando en los pastizales que se van dejando a mano derecha. Cuesta arriba se "choca" con el camino de referencia. Tras un corto trayecto llano, gira bruscamente a la izquierda (al Sur) para entrar en una rampa que vence la pared que nos separa de la Cerra de Cuba.

La vista desde esta collada es grandiosa, pero hay una cumbre que destaca sobre las demás: la Peña Santa de Castilla. Devolar la Cerra de Cuba permite dar vista a su pared Sur. Una inmensa mole de seiscientos metros de altura. En su base corretean los rebecos. Las plácidas y suaves ondulaciones de Carbanal sólo se ven alteradas por una zona caótica que recoge los "pequeños bloques" que se desgajan del ingente torreón pétreo que la preside, la Pedriza de Carbanal.

Cerra de Cuba - Horcada Baja de los Llambriales (1 hora 30 minutos)

Una vez que se haya fijado la ubicación de esta horcada no hay mayores complicaciones para acceder a ella. Es fácilmente identificable. Se trata de una amplia collada que une la pared Sur de Peña Santa con una pequeña cumbre, desgajada de ésta y que se cierne sobre Vega/Llagu Huerta. Desde la Cerra de Cuba destaca mucho más, sólo hay que mirar al horizonte (al Oeste), y se disfruta de un perfil detallado de todos estos accidentes orográficos. A la izquierda de Vega Huerta se eleva otra modesta cumbre: Cotalbín. En una destacada horcadina, en la que confluyen los suaves relieves de Vega Huerta con los más accidentados de Cotalbín, muere una rectilínea valleja que sube desde la Canal de Capozo. El Cueto Agudos y el Cueto de los Cabritos separan esta canal de la de Mesones. La fuente de la vega se encuentra unos cincuenta metros antes de la mencionada horcadina.

En la Cerra de Cuba, sin perder altura, se encuentran senderos de cabras que atraviesan por el Sur la Cerra del Frade. Luego sólo hay que ir buscando el terreno que nos parezca más cómodo. Existe un buen camino que sube a Vega Huerta, pero únicamente debemos seguirlo si vamos escasos de agua o si se ha previsto realizar la excursión en dos jornadas, pues Vega huerta es el lugar ideal para realizar un vivac y aprovisionarse de agua. En la pared de Cotalbín, sobre el camino que baja a Soto de Sajambre, destaca una pequeña cueva donde pueden vivaquear dos o tres personas cómodamente.

Toda la travesía hasta la Horcada Baja de los llambriales va acompañada de la sobrecogedora presencia de la pared Sur de Peña Santa. Al mismo tiempo que se sortean los enormes bloques que en tiempos pretéritos engrandecían la majestuosidad de esta fortaleza, se van adivinando los itinerarios de las más renombradas vías de escalada que la surcan. La Brecha del Cazador, una marcada rampa que salva la pared de izquierda a derecha; la Canal del Pájaro Negro, el arranque de esta vía no dista mucho del de la anterior; la Sur Directa, que tras una enorme explanada (normalmente cubierta con un nevero) que se abre en mitad de la pared, presenta una perfecta diagonal que culmina en la cumbre.

 

 

Vía de los Llambriales (1 hora 30 minutos)

Se trata del itinerario seguido por los primeros hombres que hoyaron la cumbre de Peña Santa, el 4 de agosto de 1.892: PAUL LABROUCHE, FRANÇOIS BERNARD SALLES (guía de Gavarnie) y VICENTE MARCOS (Vicentón), vecino de Soto de Valdeón.

La pared Sur de Peña Santa, en su parte occidental, presenta dos marcadas diagonales. La primera de ellas es muy evidente, pues sube hasta la misma base de la Aguja del Gato, así llamada porque su forma semeja el perfil de la cabeza de este felino. Algo más a la derecha, y paralela a aquélla, se percibe otra diagonal que comunica con la Horcada Alta de los Llambriales. Destaca por el tono blancuzco de esta parte de la crestería de Peña Santa. Desde la Horcada Baja de los Llambriales estos accidentes se desdibujan debido a la falta de perspectiva que provoca la proximidad a la peña.

La vira por la que discurre esta vía, y que remonta toda la cara Sur, presenta un profundo corte en su parte inferior. Para evitar este tramo se inicia la ascensión en la Horcada Baja de los Llambriales. Hay que salvar un pequeño contrafuerte que la separa de la pared. Su superación obliga a realizar las primeras trepadas, aunque la mayor parte del trayecto permite un agradable caminar por buenas llambrias. No es necesario ganar la cresta, que cae a pico sobre un sombrío canalón por el otro lado, hasta la parte final de este contrafuerte. Emboca en una corta canal con abundante piedra suelta. Se sigue durante unos metros para, a continuación, iniciar una travesía a la izquierda. Se busca la arista que impide ver las posibilidades de progresión hacia la vira de subida. Aquí se encuentra el tramo más delicado de esta primera parte de la vía, una travesía aérea de unos tres metros. Cuanto tiene de delicado lo tiene de fácil. La salida es un poco desagradable por la presencia de plantas rastreras.

Una nueva trepada por el canto que se encuentra al otro lado conduce a otra breve canal, con una pequeña sima al inicio, cerrada entre llambrias. Antes de alcanzar la parte final se sale a mano izquierda. Se continúa la ascensión, trepando por inclinadas llambrias y manteniendo una leve tendencia hacia esta dirección. Por fin se entra en la grieta de referencia que comunica con la Horcada Alta de los Llambriales. No conviene atacar directamente la horcada en cuanto quepa tal posibilidad, sino que es preferible seguir ascendiendo por toda la brecha, saliéndose en la parte superior por la derecha, hasta llegar casi a la altura de la mencionada horcada. Es en este momento cuando se puede iniciar la última travesía y alcanzar esta cómoda plataforma.

Vista la pared Sur desde Vega Huerta, podría pensarse que la Horcada Alta de los Llambriales forma parte de una aérea arista de escalada, que se recorta entre verticales paredes. Nada más lejos de la realidad. La brecha que remonta toda la vertiente sur -aquí descrita- es más sencilla que la Grieta Rubia (vía normal a la Torre Santa María). De otro lado, Por el Norte no hay ningún abismo, sino una canal con piedra suelta que baja hasta la parte cimera del Neverón. Recibe este nombre un permanente campo de nieve que se forma entre Peña Santa y la Torre del Torco, y que se extiende a lo largo desde el Jou Santu hasta La Forcadona.

Ramón Sordo Sotres sostiene que este estrecho paso que comunica el Jou Santu con La Llerona, se llamaría Jorcadina del Neverón. La Forcadona sería el nombre dado por los pastores a la Horcada de Pozas, impresionante abertura que se forma entre Los Estribos y los contrafuertes del Torco, y que separa el Jou de Pozas de La Llerona.

 

 

Retomando la descripción de la vía, decir que, desde la Horcada Alta de los Llambriales se baja por la vertiente Norte. Un espolón rocoso cierra el paso hacia la derecha. En cuanto sea posible, en la parte inferior de este contrafuerte, se inicia una travesía por llambrias, algo colgada sobre un argayo que se precipita sobre El Neverón. Cuanto más alto se inice la travesía, más problemas se encontrarán para pasar al otro lado.

Se sale a terreno abierto. Una inclinada panda en que se intercalan zonas de llambria con zonas de gravera. Por la parte superior discurre airosa la arista de escalada a Peña Santa, que repelió los primeros intentos de hacer cumbre de FRANÇOIS SALLES y de VICENTÓN. El tramo inferior queda cortado sobre El Neverón. Al Este una barrera de llambrias cierra el paso. Esta muralla caliza forma parte del espolón que delimita la Canal Escalonada por la derecha. Un redondeado cotero, a cuyo lado se percibe una collada con abundante gravera, marca el punto intermedio de esta canal. A su derecha arranca un canto de pura llambria que remonta hasta chocar con las verticales caídas de la arista cimera. En este punto de inflexión (algo confuso, pues se empasta con la sucesión de peñascos que se levantan más al Este) se unen la vía de los Llambriales y la Canal Escalonada.

Se atraviesa la caótica ladera en dirección a la colladina caracterizada por la gravera que la cubre. Cuando las llambrias empiezan a ganar en verticalidad, se busca una serie de viras que salen a mano derecha, paralelas al contrafuerte que nos separa de la Canal Escalonada. Una vez que se ha ganado bastante altura, se ataca la llambria de la izquierda. La trepada busca el punto en que se unen el canto que nos cierra por esta mano y el enhiesto espolón que se eleva hacia el cielo.

El paso puede considerarse de IIIº. Se gana altura rápidamente, de ahí que los últimos metros sean bastante aéreos. Como referencia se puede hacer mención de una laja por la que se superan en vertical los primeros metros. A continuación se realiza una travesía hacia la izquierda, para salir por un embudo cóncavo que no llega a la categoría de chimenea.

Superada esta llambria se da vista a la cueva, lugar en el que convergen la vía de los Llambriales y la Canal Escalonada. Hay que superar el muro que se encuentra a su izquierda. La verticalidad del paso se compensa con la magnitud de las presas. Da acceso a una canal que se eleva hacia el Sur. Se trepa en dirección a un diedro muy tumbado que permite progresar por la parte izquierda de esta canal. Luego hay que ir atravesando hasta la parte derecha, para enlazar con una corta brecha (pegada a la pared de este lado) por la que suele arroyar algo de agua. Salvado el paso se realiza una travesía a la izquierda a ganar una horcadita que destaca a esta mano, y por la que se sale de la canal.

Al otro lado se divisa una segunda canal, más delicada que la anterior. A diferencia de ésta, la trepada se hará de derecha a izquierda. Los primeros metros se efectúan por una grieta. Más arriba un corto tramo de llambria (IIIº) conduce a una estrecha y alargada repisa. Pegados al canto que cierra esta segunda canal por la izquierda, se accede a otra horcadita, con gran cantidad de gravilla.

Se inicia aquí una muy aérea travesía descendente, colgada sobre la Canal Estrecha (vía normal). El paso es muy sencillo, pero al acometerse en bajada se acrecienta la sensación del mal llamado vértigo (que no es más que el miedo a la altura). Debe prestarse especial atención al abundante grijillo que se encuentra en los apoyos del pie, que puede provocar un resbalón inesperado. La vira termina en una terraza, en la misma vertical del último resalte de la Canal Estrecha. Una corta trepada nos deposita en una amplia plataforma inclinada con abundante roca suelta, donde se une la vía de los Llambriales con la vía normal.

Respecto de la Canal Estrecha decir que no es la más directa, ni la más guapa, ni la más fácil. Por el contrario es la más peligrosa. Cualquier piedra que se desprenda de la plataforma superior de salida (donde se encuentran piezas de considerable tamaño) barrerá la canal en menos de cuatro segundos. La cordada que se encuentre en plena canal tiene escasas posibilidades de librar el impacto, máxime si se tiene en cuenta que un bloque suele arrastrar en su caída un buen número de piedras más pequeñas. Considerando la cantidad de gente que sube, muchos de los cuales tienen poca o ninguna experiencia (por lo que apenas prestan atención cuando ponen el pie), es fácil imaginar el riesgo de adentrarse en este estrechamiento. Al que intente la ascensión cuando no haya gente en la pared, debo informarle que, aparte de las cordadas que escalan la cara Sur o que duermen en la cumbre, esta zona es paso de rebecos, con lo que nunca hay seguridad plena de soledad.

Una vez que convergen ambas vías no tarda en alcanzarse la arista de Peña Santa, dando cara a la vertiente Sur. La vista de las canales que se precipitan sobre Carbanal es impresionante, pero aún queda bastante para alcanzar la cumbre. Una nueva travesía descendente por llambrias lleva a una horcada, colgada sobre una de las vías de salida de la cara Sur (común en su inicio con la vía Sur Directa). A continuación se afronta una llambria tumbada, pero algo aérea sobre el imponente canalón de salida de la mencionada vía de la vertiente Sur. De nuevo en la arista, a ratos trepando y a ratos caminando, se llega a una pequeña oquedad en la vertiente Norte, donde se ha vuelto a perder la referencia de la arista por presentar un impracticable torreón calizo, que se trata de bordear. Aquí lo más sencillo es retomar el filo de la arista, evitando así una llambria pulida e inclinada sobre la vertiente del Jou Santu (IIIº).

Por la cresta cimera apenas se recorren veinticinco metros, eso sí, de gran belleza, a caballo entre el Jou Santu y el fuerte contraste del verdor de Carbanal. Se destrepa por una llambria para bajar de la arista, enlazando con una vira por la que se sigue descendiendo por la cara Norte hasta llegar a una amplia terraza. Flanqueando en aérea trepada bajo la cumbre se alcanza una plataforma que permite atacar directamente la cumbre por un empinado y breve canalón de resbaladiza llambria. La vía normal da un poca más de rodeo, saliendo a la antecumbre.

Peña Santa de Castilla (2.593 m.) es un abismal mirador colgado sobre los pastos de Carbanal y de Vega Huerta. Hacia el Este Torre Cerredo, techo de Los Picos y con quien comparte su reinado. El Picu Urriellu, difuminado entre el conjunto de peñascos que lo circundan, fiel vasallo. Miles de cumbres se agolpan caóticamente en dirección Oeste. Si de algo peca Peña Santa es de su pobre vista hacia el Norte, Hacia Asturias; pero para eso está la Torre Santa María, la Peña Santa de Asturias o de Enol, cuya ascensión es el complemento indispensable de esta ascensión (aunque no haya de hacerse necesariamente el mismo día). No obstante, hacia esta vertiente, la Peña Santa de Castilla preside el Jou Santu y el circo de cumbres que lo bordea.

Variante de la Canal Escalonada (1 hora 30 minutos)

Esta vía coincide en su inicio con la normal de la Canal Estrecha, uniéndose a la de los Llambriales en la cueva a la que ya se ha hecho alusión en los párrafos precedentes.

Desde el Collao del Jou Santu, se bordea por la derecha el cueto que impide ver la pared Norte de Peña Santa. Este rodeo, que obliga a ganar algo de altura al principio, finaliza en una aérea (y sencilla) travesía sobre la Fuente de Las Balas (caracterizada por el color rosácea de la tierra donde brota). Por lomas de llambria se remonta hacia el Norte. Al llegar a una horcadina se bajan unos pocos metros a mano derecha para entrar en un pasillo flanqueado por verticales muros calizos, aunque de escasa altura. El terreno, pedregoso, suele estar cubierto por un nevero hasta bien avanzado el verano. Al otro lado surgen profundos pozos, por lo que debe salirse trepando por la derecha. Se continúa hacia una gravera, en la base de la pared, por la que se remonta, con leve tendencia hacia la derecha, hasta enlazar con una travesía muy evidente que muere en una terraza colgada sobre El Neverón.

En la misma vertical, mirando hacia el Sur, destaca la Canal Estrecha (vira que atraviesa la pared Norte en diagonal hacia la izquierda) y la Canal Escalonada, estrechamiento que sube en saltos, directo a una cueva, perdida en mitad del sector oriental de la pared Norte de Peña Santa. Ambas arrancan del mismo punto. La trepada hasta el lugar de divergencia de ambas líneas se realiza por un canto de inclinadas llambrias, delimitado por la derecha por un marcado canalón que sube desde El Neverón. A mano izquierda se llega a una amplia plataforma cubierta de gravera, a la que no es necesario pasar, y que suele conservar un nevero que puede aguantar todo el verano.

La Canal Escalonada presenta dos tramos separados por un corto pedrero, a cuya derecha se abre un aéreo colladito desde el que se contempla el valle de Soto de Sajambre y la Torre del Torco. Esta collada ha sido señalada de referencia al describir la vía de los Llambriales.

Para acometer el primer tramo se emboca el canalón. Los resaltes iniciales se salvan por las llambrias de la izquierda, sobre el arranque de la Canal Estrecha, dando vista al primer problema de IIIº (que propiamente da paso al estrechamiento que le da nombre). Sin mayores dificultades se llega a la primera complicación, el canalón se haya obstruido por unos bloques empotrados. Este obstáculo (IIIº) se vence nuevamente por la izquierda. Lo mejor al llegar a una oprimida terraza, superado el primer bloque, es salirse más a la izquierda todavía, a la pura llambria, aprovechando un pequeño apoyo válido para las punteras de ambos pies. Cuanto más a la izquierda se entre la llambria (sin llegar a alcanzar la arista que cierra por esta mano) más fácil y segura será la superación de este paso. No obstante hay quien opta por remontar por los bloques.

Un último resalte impide el paso a la zona intermedia de la canal. Se trepa por la llambria, sin separarse mucho de una grieta ciega por un empotramiento de rocas. Al llegar a su altura se aprovechan para dar por concluida esta primera parte de la Canal Escalonada. Debe prestarse mucha atención al entrar en la zona de piedra suelta que preside el último resalte de no tirar piedras sobre los compañeros.

Un segundo canalón configura el segundo tramo de la vía. Sólo presenta dos saltos o escalones que merezcan ser tomados en consideración, aunque no alcanzan la catalogación de IIIº. Además se pueden evitar por la cresta de la derecha (que se toma en la misma collada que marca el punto intermedio de la canal), entrando al canalón por encima del segundo resalte gracias a una delicada travesía sobre éste. Cuenta con un buen pasillo para el pie, pero las presas son de reducidas dimensiones. Tampoco puede considerarse de IIIº. A los pocos metros hay que volver a salirse a la cresta, desde donde se continúa andando hasta la cueva.

La trepada hasta la cumbre ya es coincidente con la de la vía de los Llambriales.

Particularmente considero que la Canal Escalonada es la vía más sencilla para alcanzar la cúspide de Peña Santa. Es más corta que la de los Llambriales y se evita la llambria de IIIº que precede a la cueva (muy impresionante para intentarla en el descenso sin la seguridad de la cuerda). Por otro lado, no es mucho más larga que la Canal Estrecha, pero sí enormemente más segura.

Collao del Jou Santu - El Boquete - Canal de Mesones - Caín

El Collao del Jou Santu separa las dos profundas depresiones que configuran el Jou Santu. La primera, orientada de Norte a Sur, viene delimitada por la Torre del Torco, Las Tres Marías, la Torre de En medio, la Torre de La Horcada y la Torre de la Canal Parda.

La segunda de las hondonadas que alcanzan la denominación de Jou Santu, que es la que ahora nos interesa, tiene una orientación Este-Oeste. Por el Sur rompe toda la parte oriental de Peña Santa. La Torre de la Canal Parda, la Torre de Los Traviesos y Piedra Lluenga limitan por el Norte. El Collao del Jou Santu se encuentra al Oeste, estando en el lado opuesto El Boquete.

Ubicado en el núcleo cárstico del Macizo Occidental, el Collao del Jou Santu se halla rodeado de algunas de las peñas más emblemáticas de este sector de los Picos. Hacia el Este, una gran abertura en este mundo caótico de vertiginosas calizas, rompe su aislamiento visual. A través de la quebrada del Boquete, se reflejan en la retina del fatigado montañero las altivas escarpaduras del Macizo Central. Presidido por Torre Cerredo, recibe los últimos rayos de sol. La tonalidad rojiza que impregna cada atardecer, irradia su tenue luz sobre el blanquecino mar que se adentra por la cuenca del Cares. Una línea de intermitentes nubes se interponen en el recorrido final del sol hacia su ocaso en el horizonte. El ojo del joven montañero no comprende nada. Mira las sombrías franjas que alteran la monótona luminosidad de los atardeceres despejados, sin comprender que no son sino sombras de una realidad que no se puede percibir por los sentidos, pues acontece en un rincón apartado que llaman Oeste, y cuya visión le queda vedada al pobre mortal, incapaz de ver más allá de los riscos que emergen delante de sus narices.

La caída del sol invita a proseguir la marcha. Aún queda suficiente tiempo para evitar el descenso con la limitada luz de las linternas. Ha de atravesarse todo el Jou Santu antes de alcanzar El Boquete. Esta profunda horcada se halla comprimida entre las verticales caídas de Piedra Lluenga y el espolón de una estilizada aguja desgajada de la cresta somital de Peña Santa.

El camino se coge unos metros al Norte del Collao del Jou Santu, pues no desciende directo desde la misma collada, sino que inicia una larga travesía por las pedregosas laderas de la Torre de la Canal Parda. Tras el primer tramo de descenso, el sendero se adentra en una pedrera, donde se difumina parcialmente entre las piedras. En llano alcanza una falsa collada. Al otro lado, un llambrial cierra el paso. Una interesante travesía (Iº-IIº), algo aérea, suele plantear problemas al montañero ocasional.

Fuera de la zona de llambria, el sendero vuelve a recuperar su marcado trazado. Desciende ligeramente hacia una alargada vaguada que da paso a las hondonadas más profundas del Jou Santu. Sigue la línea de la vaguada e inicia un considerable descenso hacia el fondo del jou. Una vereda secundaria se tira a la base de un espolón que se interpone en mitad de la pedregosa ladera. Es un contrafuerte que se descuelga de las traviesas que configuran la vertiente Sur de la Torre de los Traviesos. El desvío del sendero principal a esta vereda secundaria, es imperceptible. Sin embargo, a medida que el montañero se acerca a la base carcomida del espolón descrito, la senda se irá haciendo más evidente y se encontrará algún jito aislado. Con esta variante se evita una considerable pérdida de altura, que habría que recuperar más tarde. Alcanzado el punto inferior de la vertical pared, al que los caprichos de la naturaleza le han comido un pedazo, formando un pequeño techo que sirve de abrigo en caso de lluvia, se inicia el último tramo de travesía antes de alcanzar el Boquete.

Se atraviesan nuevas zonas de pedrera que se descuelgan desde los resaltes inferiores de Tiro Callejo. Este canalón remonta directo hacia Arenizas. Encajonado entre la vertiente occidental de Piedra Lluenga y los contrafuertes de las traviesas sureñas de la Torre del Alba (Torre de los Traviesos), presenta un pronunciado desnivel en que alternan las incómodas graveras con alargados surcos por los que se precipitan las aguas que se encauzan durante las tormentas veraniegas. Los resaltes inferiores del canalón, impiden distinguir su lineal trazado.

Tras el flanqueo de las faldas inferiores de Tiro Callejo, se coge el último tramo de camino que lleva al Boquete. La gravera pierde terreno frente a la escasa vegetación de la alta montaña. El sendero recupera su marcado trazado, destacándose incluso desde el mismo Collao del Jou Santu. Afronta un coto repecho antes de coronar la horcada del Boquete. Atrás queda la inmensa depresión del Jou Santu; una hondonada de jous al abrigo de la cara Norte de Peña Santa. A su derecha la Torre del Torco y las Tres Marías. La Torre de Enmedio y la de la Horcada preceden a la Torre de Santa María.

Esta mirada nostálgica se desvanece ante el presente inmediato. Frente a nosotros se muestra en toda su inmensidad la vertiente occidental del Macizo Central. La profunda cuenca del Cares se interpone entre ambos mundos. Una canal de ingentes proporciones desciende hasta perderse en las entrañas de este río, en un reducido valle que se esconde entre la Hoz y la Garganta del Cares. Mesones es un universo aparte. En Caín la llaman canal, pero sus dimensiones exceden de todo lo imaginable. No es el brutal desnivel que salva, sino su extrema anchura, el mayor problema a que se enfrenta el montañero que se adentra en sus dominios. Frecuentemente se recorre en sentido descendente, desconociendo el principio de no bajar una canal que no se haya reconocido con anterioridad. El montañero se confía en el marcado camino y en los continuos jitos que jalonan el recorrido. He transitado esta canal una docena de veces y he conocido la compañía de la niebla. No existe un único camino. Despistar el rastro del sendero principal es más sencillo de lo que a primera vista puede aparecer. La orientación en la montaña no depende nunca de la creación de una red de caminos bien señalizados. La montaña ya existía antes que el hombre la transitara. Las veredas de los animales eran los únicos vestigios de vida en este reino mineral. El establecimiento de asentamientos humanos en los pastizales de altura, propició la creación de una red de caminos que vertebraba la media montaña. Veredas, senderos y caminos se valían de las líneas lógicas que la montaña ofrecía al que se acercaba a sus dominios. Cuando estas líneas naturales se interrumpían, el hombre tubo que habilitar pasos que permitieran acceder a los pastos superiores, dando lugar a los sedos. Los caminos pastoriles están condenados a un progresivo estado de abandono. El declive del pastoreo coincide con el auge del montañismo. Lamentablemente el montañero se desentiende con frecuencia de los antiguos caminos. No sólo crea nuevos senderos, sino que corrige el trazado de los ya existentes. El resultado, en ocasiones, es preocupante. Los nuevos caminos se señalizan con mejor o peor fortuna, pero no admiten un ligero desvío; pues, desentendiéndose de la configuración del terreno, se aventuran a tavés del terreno más cómodo - no siempre -, pero ajenos a toda peculiaridad del terreno que pueda servir de referencia. El montañero tiene la mala costumbre de creer que conoce un entorno que ha recorrido un par de veces a lo sumo. Señala la ruta que él ha seguido, creyendo que es la correcta, pues no conoce otras alternativas. El efecto de imitación lleva a otros montañeros a copiarle. Con el paso del tiempo esa peculiar variante ha adquirido la consideración de vía normal. Los jóvenes que se inician en el montañismo se encuentran con una realidad comúnmente aceptada, pero distorsionada. Acostumbrados a un modelo de montañismo basado en la señalización de los senderos, carecen de una suficiente capacidad de orientación; al mismo tiempo que atrofian unas facultades que han de cultivar para adentrarse con garantías en la alta montaña.

En la Canal de Mesones se encontrará una senda muy pisada, y señalizada con abundantes jitos. Mas toda señalización es insuficiente cuando las posibilidades de llegar hasta el pueblo de Caín pasan por dar con los pasos exactos en un vasto y caótico laberinto cárstico. Las marcas y jitos pueden servir de orientación a quien tiene una ligera noción del terreno que pisa y tiene claro adonde se dirige; pero pueden convertirse en una trampa para aquellos que se adentran en un territorio agreste, aislado y desconocido. Con demasiada frecuencia se encuentran náufragos noveles, vagando erráticos por un océano infinito de desértica caliza. Tristemente se comprueba que sus naves no han naufragado en medio de una temible tempestad, sino en tranquilas calas al lado de la costa.

Esta larga introducción sirve para fundamentar la siguiente afirmación: Para bajar la Canal de Mesones hay que descender por cualquier lugar menos por el camino marcado. Éste cruza la vasta canal de parte a parte. Se adentra en un complejo entramado de microrrelieves (terreno de gran complejidad incluso para los que manejan la brújula con soltura), para bajar a la Boca del Jucabao. En este punto enlazaría con el camino seguido durante la subida. ¿Para qué ir hasta la puerta de entrada a los Puertos de Cuba, cuando desde el Boquete se baja casi en línea recta hasta la majada de Mesones? En toda la travesía en dirección a la Boca del Jucabao van desgajándose canalones secundarios que se desvían hacia la majada. Cuanto más se tienda a la ladera de los Cabritos, más complejo será encontrar una línea evidente de descenso.

En todo caso, siempre recomiendo recorrer un itinerario desconocido en sentido ascendente. Esta idea es la que me ha llevado a describir la variante Escalonada en sentido ascendente. Bajar de la Peña Santa destrepando por una vía desconocida no es muy recomendable. Una bonita jornada montañera podría consistir en subir a la Peña desde Caín por El Boquete. Reconocido el terreno, no habría mayor dificultad en completar el semicircuito que aquí se describe. Además, la larga vía de Los Llambriales es sumamente sencilla si previamente se ha trepado por la variante Escalonada.

Sitos en El Boquete, el descenso se inicia con una tónica similar a la seguida en el Collao del Jou Santu, pues, en principio, no hay mayor problema en seguir el camino marcado. No hay que tirarse directamente, desde la misma horcada, canal abajo, sino que ha de salirse por las peñas de la izquierda. Este desvío sólo es posible tras bajar unos pocos metros pegados a las peñas que delimitan la horcada por esta mano. A continuación, se atraviesa una zona de llambrias, prácticamente en llano, entrando en una meseta, donde se asientan los grandes bloques desprendidos de Piedra Lluenga.

Se prosigue el descenso por una pendiente ladera en que alterna el escaso pasto con llambrias y alguna piedra desplazada del imponente canchal que se acaba de bordear. Las vastas y desplomadas paredes de Piedra Lluenga se van dejando a la izquierda, separados de su base por los lleraos que se descuelgan por su falda. Ladera abajo irrumpe una extensa hondonada, en que confluye la Canal de Mesones con un brazo que se le une por la izquierda (un imponente canalón que se abre paso entre Piedra Lluenga y la Robliza). Aunque ha de bajarse hasta ella, se puede seguir el trazado del sendero marcado. Disimuladamente va desviándose a la derecha. Atraviesa un canto de llambria, donde se difumina momentáneamente, que viene delimitando la ladera de descenso por esta mano. Nuevo tramo de bajada y nuevo desvío hacia la derecha, sorteando el último llambrial. El pisado sendero entra en una vasta ladera. Definitivamente se tira a la derecha, en dirección a la Boca del Jucabao (horcada de entrada a los Puertos de Cuba). En este momento ha de dejarse su compañía. Con la referencia visual perdida de la profunda hondonada en que confluyen los canalones que abrazan Piedra Lluenga, se baja directamente pasando del pasto a la pedrera que tapiza la zona inferior de la ladera. Devolando una horcada se entra en una canaluca que cae directa sobre la extensa plataforma; mas rastros del paso de los animales, permiten un descenso más cómodo por el canto que delimita esta canaletuca por su derecha (al mismo tiempo que sirve de límite Sur de la hondonada).

Apenas se entra en la profunda hondonada, sino que se bordea por su derecha. Esta abierta plataforma recibe los grandes bloques que se precipitan desde las paredes de Piedra Lluenga. Por los lleraos que recubren las faldas de este monolito, ruedan estas considerables masas calizas que se detienen en la recogida planicie. En su extremo Sudoriental se encuentra la collada que da paso al rectilíneo canalón de bajada. Una de las enormes rocas que se han depositado en este alargado cuenco, sirve de jito natural. Se deja a la izquierda, pasando desapercibido un cerco de piedra que aprovecha la parte posterior del bloque para habilitar un abrigado vivac.

Traspuesta la collada se va entrando en un sobrecogedor embudo. Su trazado lineal emboca directamente las profundidades del Cares. Peñas y parés encauzan el rectilíneo canalón, sin posibililidad de extravío. Trazas de pedrero recubren intermitentemente su lecho. Las luces de Caín centran nuestras miradas, desviando la atención de la majestuosa silueta del Macizo Central recortada en la oscura penumbra del anochecer. La inclinación, fortísima, aunque no obliga a perder a posición erguida, agrava la dureza del largo descenso. Canalones secundarios entran por nuestra izquierda. Una bella collada se abre en el canto de la izquierda. En caso de niebla o durante los descensos nocturnos no debe desviarnos del centro del canalón, pues da paso a las canales por las que atravesaba el camino de las vacas (un peligroso laberinto para el que desconoce el terreno). El humo de las cabañas (actualmente sólo un pastor hace majada en Mesones) delata la proximidad de la majada. Las ruinosas cabañas se extienden por una inclinada ladera que se deja a la derecha del canalón de bajada. Éste entra directo en la fuente, donde se recorta la silueta del característico cueto de llambria caliza que sale a modo de proa de un buque sobre el abismal mundo del sector inferior de la Canal de Mesones. En la horcada que precede la cresta del referido cueto, se separan el camino de las vacas y el sendero que entraba en el Sedo de Mesones (el más frecuentado por los montañeros). 

A la luz de las linternas, se sigue la ruta que alumbraran durante el ascenso las luces de la mañana.

 
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